CURSILLOS DE CRISTIANDAD

 

3ª ULTREYA MUNDIAL

(Roma, Italia, 29 de Julio de 2000)

Con la participación de cerca de cuarenta mil miembros del Movimiento Cursillos de Cristiandad, procedentes de todo el mundo, que se dieron cita en Roma, se realizó la Tercera Ultreya Mundial, la Ultreya del gran jubileo, la que tuvo como tema central: "Evangelizar los ambientes en el tercer milenio cristiano: Un "desafío" para los Cursillos de Cristiandad”.

40.000 Cursillistas esperan al Papa El Papa llega a la Plaza de San Pedro
El Papa avanza entre los cursillistas El Papa bendice a los cursillistas

Luego de las palabras de saludo que al inicio del encuentro dirigió a Su Santidad la Presidenta del Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad (OMCC), Frances Ruppert, el Papa pronunció en italiano, francés, inglés, castellano, portugués y polaco, un hermoso discurso, en  torno al tema "Cristo no tiene manos, solo tiene nuestras manos para cambiar el mundo" (Haga click aquí para leer su texto)

Entregamos a continuación algunas de las principales intervenciones durante la Ultreya Mundial:

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

SALUDO DE APERTURA

Gian Paolo Marchetti
Presidente del G.E.T
Presidente Comité Organizador 3ª UltreyaMundial

Roma, 29 de julio de 2000

¡Buenas tardes y un cordialísimo saludo de bienvenida a todos!.

Eminencias, Excelencias, Reverendísimos Monseñores, queridos Invitados, Hermanas y Hermanos,

Deseo antes de nada, daros las gracias, gracias desde lo más profundo de nuestro corazón, por como habéis respondido a la invitación a participar a este significativo e histórico encuentro que, estoy seguro, permanecerá grabado para siempre en nuestro corazón y en nuestra mente.

Me siento muy contento al poder comunicaros que por medio vuestro están presentes 40 Secretariados Nacionales, pertenecientes a los siguientes Grupos lnternacionales:

Grupo Internacional Asia Pacífico: 7 Secretariados Nacionales

Grupo Internacional de Norte América y Caribe: 3 Secretariados Nacionales.

Grupo Internacional de la Oficina Latino Americana: 14 Secretariados Nacionales

Grupo Internacional Europeo: 16 Secretariados Nacionales.

Esta vuestra presencia compensa totalmente todos los esfuerzos, las ansias y las dificultades que hemos encontrado durante la organización de este acontecimiento.

Es esta también una grata ocasión para comunicar mi más sentido v afectuoso saludo a Su Eminencia Reverendísima, el Cardenal Jamen Francis STAFFORD - Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos - por su paterna, benévola y cuidada atención hacia nuestro Movimiento y por haber aceptado con alegría presidir la Celebración Eucarística y nuestra ULTREYA;

A Su Excelencia Monseñor Crecenzio SEPE - Secretario General del Comité Central del Gran Jubileo - por todo lo que ha querido dar y hacer, personalmente y a través de sus más directos colaboradores, para mejor organizar esta jornada;

A Monseñor Luigi GHIDONI - Subsecretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos - que aunque cargado por las múltiples ocupaciones inherentes a su delicado cargo, ha repuesto siempre Sí a todas nuestras peticiones de consejo y ayuda.

El excepcional evento de esta Jornada, nos permite también hacer alguna brevísima reflexión sobre nuestro empeño y sobre lo que el M.C.C. ha conseguido dar y hacer en estos sus 50 años de vida en la Iglesia, también a través de nuestra pequeña y pobre, pero sentida acción apostólica.

La experiencia del Cursillo nos ha hecho comprender que la conversión verdadera y total puede y debe alcanzarse viviendo y compartiendo día a día la PALABRA...

Cuando se vive y comparte la PALABRA, uno comienza a advertir el deseo de testimoniar el AMOR del PADRE.  ¡Se siente la exigencia de ser con CRISTO Mayoría Absoluta!

Testimoniar a CRISTO RESUSITADO es y será la única verdadera respuesta a las dudas, a las superficialidades y a los desafíos del mundo contemporáneo.  Testimoniar la sonrisa de Dios en la historia - que es CRISTO RESUCITADO - es y será siempre el empeño con el que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad colaborará con “Dios en búsqueda del hombre”.

En estos 26 años de mi camino hacia la conversión, el SEÑOR ha tenido la bondad de hacerme participar a momentos inolvidables que me han dado la certeza de que Él cuenta fuertemente con la obra evangelizadora del M.C.C.

El evento que celebramos hoy es, ciertamente, uno de estos momentos, por que compartimos la misma ansia apostólica, que es la de prodigarse siempre más y mejor para que el CARISMA fundacional de nuestro Movimiento esté perennemente al servicio de la obra evangelizadora de la Iglesia.

Esta ansia apostólica nos debe animar siempre y sobre todo, nos debe sostener y espolear cuando las debilidades humanas nos hacen dudar sobre la validez del núcleo esencial de esta Obra Apostólica y sobre los medios y modos para realizar las finalidades propias del Movimiento.

El único remedio para vencer estos estados de ánimo es y será siempre la oración. Por medio de ella podemos y debemos pedir al Señor que nos ayude a comprender su voluntad.

Cuando me asaltan dudas o incertidumbres, pienso siempre en Jesús. También Él en el Huerto de los Olivos fue atacado por el desánimo y el miedo, pero aunque sudaba sangre, aceptó la voluntad del PADRE, muriendo en la cruz para salvarnos.

A imitación de Jesús, tantos otros, con la oración y con la adhesión a la voluntad divina, han continuado la Historia de la Salvación.

En particular modo, quiero recordar los ejemplos más recientes de nuestra historia de cristianos empeñados:

Ante todo Su Santidad Juan Pablo II, signo vivo y tangible del inmenso amor del Altísimo por toda la humanidad, Eduardo Bonnin, y y tantísimos hermanos y hermanas que he tenido la fortuna de conocer y que, superando cualquier clase de sacrificios, han obrado y obran para que la PALABRA que salva esté siempre viva en sus ambientes.

Queridos hermanos y hermanas, recordemos siempre que el mundo, con todas sus insidias, puede ser vencido solamente con la fuerza del AMOR Evangélico.

Recemos, por lo tanto, al Omnipotente, para que por medio del Espíritu Santo, nos haga siempre ser cada vez más cristianos creyentes y creíbles de este Amor Evangélico.

Deseo concluir este saludo con unas palabras que pueden ser consideradas como la síntesis de todos nuestros sentimientos.  Como los Peregrinos de Santiago de Compostela, que se repetían unos a otros aquel Ultreya: “Más allá, adelante, siempre más allá” para retomar nuestro camino siempre con más fe, esperanza y caridad, siempre con más vigor:  

”Habéis venido de lejos,
habéis esperado mucho,
estáis cansados.
Sentémonos uno al lado del otro,
compartamos el mismo alimento,
para saciar nuestra hambre,
acudamos al mismo manantial
para atenuar nuestra sed.
Después del reposo, uno al lado del otro,
retomemos el camino
hasta los confines de la tierra,
compartamos el mismo Espíritu,
que nos convierte en una cosa sola
en la amistad, en la luz, en la PAZ... “

¡DE COLORES! y... ULTREYA! 

 

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

SALUDO DE APERTURA

Frances Ruppert
Presidente de la O.M.C.C.

Roma, 29 de julio de 2000

Eminencias, Excelencias, amables invitados, queridas Hermanas y Hermanos de todo el mundo!

Con mucha alegría deseo ofreceros mi más caluroso saludo de “Bienvenida” a nuestra Ultreya Mundial que celebramos aquí, en esta Plaza de San Pedro, tan rica de significado, aquí, en la Ciudad Eterna de Roma.

Como Coordinadora del Secretariado Mundial del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, lo hago también en nombre de todos los componentes de nuestro equipo de Responsables.  

Antes de nada, deseo expresar mi más sincero agradecimiento y fuerte elogio a los numerosos colaboradores del Comité Organizador de Roma, sabiamente coordinados por nuestro querido Gian Paolo Marchetti.

Se han empeñado incansablemente para hacer posible esta Ultreya. Que el mismo Señor os recompense, queridos amigos, por vuestro fuerte empeño y por todas las fatigas unidas a vuestro servicio.

En este gran Año Jubilar, en el que comienza el tercer milenio, podemos mirar juntos al pasado.

Han pasado ya 50 años del nacimiento de nuestro Movimiento.

Vuestra presencia aquí, provenientes de todos los rincones de la tierra, es un testimonio de cómo el Cursillo se ha podido extender en todos los continentes.

Hoy celebramos juntos la fiesta de la fe v de la alegría, animándonos unos a otros en nuestro camino.  Nos hemos reunido para celebrar el Año Santo.  Con nuestra presencia aquí, deseamos demostrar que aceptamos los desafíos que el mundo contemporáneo pone al Movimiento de Cursillos, respondiendo al mandato que el Santo Padre nos ha dado en esta Plaza a nosotros y a otros movimientos, hace ya dos años.

En este tercer milenio deseamos trabajar con prontitud para la nueva evangelización. Esto es lo que continuaremos a hacer, como está previsto en el método del Cursillo, en comunión de gracia con Cristo. Por esto, nos ponemos todos al servicio de todas las Hermanas y Hermanos, para vivir y testimoniar la propia fe en los ambientes en que vivimos, para descubrir y vivir la propia vocación, para alcanzar el ideal que Cristo nos ha indicado. Él y solo Él es “el camino, la verdad y la vida”.(Jn.14,6).

El Cursillo nos ha sido donado por el Espíritu de Dios para testimoniar a los hombres de nuestro tiempo que es algo justo y hermoso recorrer con Cristo el camino de nuestra vida.

Como cristianos, como cursillistas, sabemos lo que hemos de hacer para peregrinar hacia el Padre Celeste. Con esta peregrinación a Roma, deseamos confirmar nuestra fidelidad al carisma de nuestro Movimiento y reconfirmar vigorosamente nuestra fidelidad a la Iglesia. Vemos y consideramos atentamente los signos de nuestro tiempo, y queremos testimoniar el Evangelio con nuestro modo de vivir.

Como subtítulo de esta Ultreya, hemos elegido: “Con Dios en búsqueda del hombre”.  El Cursillo se propone la finalidad de verificar la relación entre el hombre y Dios.  Deseamos decir a los Hermanos y Hermanas de nuestros ambientes, a los hombres de nuestro tiempo, que a Dios le interesan todas sus criaturas, porque Él las ama a todas incondicionalmente.

San Pedro nos anima en esto cuando dice: “Estad siempre preparados para responder a quien os pida las razones de vuestra esperanza”.(1ªPe 3,15).

Si queremos poder responder a las preguntas sobre esta esperanza, debemos vivir en la felicidad que deriva de la fe y demostrar con nuestro comportamiento que Dios concede a los hombres una vida para vivir en plenitud ya ahora en la tierra, y los hace libres en la muerte.

Que esta Ultreya pueda reforzar nuestra fe e inflamamos de un vigor renovado, para que podamos ser en este mundo testigos apasionados del amor de Dios.

La Plaza de San Pedro 

canta: "De Colores"

Juan Pablo II canta: "De Colores"

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

SALUDO DE APERTURA

Eduardo Bonnin
Cofundador del M.C.C.

Roma, 29 de julio de 2000

 ¡Cursillistas de Cristiandad!

Venimos de muy distintos y muy distantes lugares, pero como los primeros cristianos, nos hermana un mismo corazón y una misma alma, todos hemos vivido la experiencia de un encuentro profundo con Cristo en un Cursillo de Cristiandad, y desde entonces este Cristo vivo del Evangelio, el que nos presenta la Iglesia, ha sido nuestro norte nuestra motivación constante y nuestra guía.  Este es el objetivo de nuestro Movimiento, posibilitar a las personas un encuentro con Cristo que crezca y se desarrolle en el cristiano por la gracia vivida de manera consciente, profunda y contagiosa.  

Hoy me siento emocionado Y agradecido, porque aquella idea que se nos metió en el alma cuando teníamos veinte años, no era una quimera, ni un capricho de juventud, ni una exaltación propia de la edad, sino un plan del Espíritu de Dios.

El hecho de estar aquí reunidos nos invita a reflexionar sobre las raíces del Carisma Fundacional de nuestro Movimiento y recordar que la actitud del hombre o de la mujer ante lo personal y vital, que es el área de influencia del Cursillo, es siempre la misma en todas las latitudes, lugares v culturas.

La actitud no ocupa tiempo, ni espacio. Es una postura ante el hecho de vivir.

Los Cursillos son un Movimiento, que mediante un método propio, intenta desde la iglesia, que las realidades del cristiano se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de cada persona, para que descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, conduzca su libertad desde su convicción, refuerce su voluntad con su decisión y propicie la amistad desde su constancia en su cotidiano vivir personal v comunitario.

Los Cursillos son la mejor noticia, que Dios nos ama, comunicada por el medio más humano, que es la amistad, hacia lo mejor de cada uno que es su ser de persona.

Por eso queríamos, y seguimos queriendo que la gente laica, que forma la mayoría de los hombres y las mujeres corrientes, pueda encontrarse en el lugar donde está y de la manera más simple, con el Cristo vivo del Evangelio, y que al sentirse unido a El por la Gracia, cambie el rumbo de su vida, y aprenda a saborearla y agradecerla, pero sin desubicarse de donde vive, porque el mundo precisa de hombres y mujeres, con clara visión v despierto criterio, que situados en las arterias vivas del humano existir, puedan ser fermento que fermente en cristiano el ambiente y el clima donde le ha tocado vivir.

Pero todo ello, permaneciendo laicos, porque entendemos que lo más laico del laico, lo que constituye la sustancialidad más genuina de su laicidad, es el hecho de tener que vivir a la intemperie en un mundo donde los valores que valen, son desconocidos, desvalorados o no valorados.  En esta situación tan generalizada Cursillos ofrece unos medios simples y concretos para que cada uno pueda vivir y acrecentar su fe.

Queremos que los que transiten por el mundo, puedan encontrarse con creyentes de verdad, convencidos de su fe, testimonios vivos y entusiastas, que por su actitud ante la vida, contagien la alegría de vivir de cara a Dios y a los hermanos.

Esta es nuestra meta, para esto luchamos y para animarnos en nuestra común fe para ir consiguiéndolo, nos hemos reunido otra vez aquí en Roma, y también para agradecer de todo corazón y de verdad al Santo Padre, la cariñosa acogida que desde siempre ha dispensado a nuestro Movimiento. Y es que a nosotros nos inquietan sus inquietudes y queremos afinarlas compartiéndolas con él.

Pensemos con agradecimiento con todos aquellos que se desvivieron para que Cristo llegara a los más posibles, para que fueran muchos los que saborearan el gozo de la fe y el don de contagiarla con alegría.

Tengamos un recuerdo también por lo que, tal vez merecían más que nosotros el regalo de estar hoy aquí, y que por circunstancias de trabajo, de familia de permiso o económicas, no han podido reunirse con nosotros.

Con el ánimo renovado, unidos a todos ellos por la oración, y unidos a Cristo, por la gracia, volvamos otra vez al mundo a continuar nuestro peregrinar de siempre, que sabemos bien, porque lo llevamos en lo más hondo del alma, que es caminar por Cristo hacia el Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María v de todos los santos, llevando con nosotros a todos los hermanos.

¡De colores!

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

SALUDO DE APERTURA

Sebastián Gayá
Cofundador del M.C.C.

Roma, 29 de julio de 2000 

A los participantes en la IIIª Ultreya Mundial, en Roma

Me llamo Sebastián Gayá; soy sacerdote, y participé en aquel tan lejano Cursillo de Enero de 1949 en Mallorca.

Ahora, sintiéndolo vivamente, debo quedarme en casa, aquejado por los achaques y limitaciones, propios seguramente de la edad.  Dios lo quiere así; bendito sea.

No puedo dejar de pensar en aquella Iª Ultreya Mundial, vivida también en Roma, el año 1966, en la que tan activamente, tan jubilosamente, hube de participar.  Creo que la que estáis celebrando puede ser, como fue aquélla - y  tal vez más que aquélla -, un acontecimiento histórico en el campo de Cursillos.  Así se lo pido al Señor con todos vosotros.  

Estaré espiritualmente con vosotros, de forma particular en el momento en que el Santo Padre levante vuestros ánimos y nos indique el camino que el Movimiento de Cursillos debe andar, en el seno de la Iglesia. Seguiremos puntualmente, fervorosamente, las consignas que se digne impartirnos; acogeremos sus palabras como dictadas por el Espíritu.

La misma palabra ULTREYA viene a indicarnos los objetivos de esa asamblea: MAS ALLA.

Mas allá guiados por nuestra fe, para intensificar nuestra vida interior, y dejarnos ser evangelizados para poder evangelizar un mundo que, tal vez sin saberlo, anda buscando a Dios.

Mas allá en nuestra esperanza, la cual nos garantiza que, a pesar de los nubarrones del secularismo y del indeferentismo reinantes, contamos con la promesa de Cristo: él sigue queriendo que también el hombre de hoy llegue al conocimiento de la verdad, y se salve.

Más allá en nuestro amor a ese hombre que sólo llegará a Dios si se sabe comprendido y querido en clave de amistad.

Más allá en nuestro ardor apostólico, en nuestra tenacidad y en nuestro espíritu de sacrificio, tres características que el Santo Padre pide a todo el que trabaja en el campo de la nueva evangelización.

Es nuestra hora; es hora de evangelizar; es la hora de Cursillos de Cristiandad.

Unidos en un mismo espíritu y un solo corazón, os abraza vuestro hermano

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

MEDITACION

P.Martín Bialas C.P.
Animador Espiritual O.M.C.C.

Roma, 29 de julio de 2000

Encontrar al hombre con Dios 

Dios es un Dios de los hombres. Ya en el Antiguo Testamento habló a los hombres por medio de "Los Patriarcas v los Profetas". Hace 2000 años, Dios se manifestó por medio de Su Hijo con un amor y una misericordia infinitas.  La encarnación de Dios en Jesús de Nazaret es el mayor acontecimiento que nuestro planeta Tierra haya visto.  El Año Santo 2000 pone este acontecimiento al centro de nuestra atención.

 Jesucristo vino para indicarnos el camino que conduce al Padre. Tras su Resurrección, Ascensión y aparición del Espíritu Santo, encomendó esta misión a la iglesia.  Durante dos mil años la Iglesia ha cumplido su misión de, "anunciar el Evangelio a todos los pueblos",  ayudando al hombre a dirigirse hacia la trinidad de Dios.  Hoy, Igual que mañana, la Iglesia tiene la obligación de seguir las indicaciones del Señor.

En esta misión de evangelización de los hombres, los laicos deben también encontrar su lugar. Con el bautismo y la Confirmación, el hombre recibe la habilitación para realizar esta misión (Véase la conferencia del cardenal RATZINGER durante el Congreso eclesiástico en Pentecostés en 1998). Hace casi 50 años, iluminados por el Espíritu Santo, los pioneros del Movimiento de Cursillos de Cristiandad hicieron suya esta habilitación.

Los Laicos deben ser testimonios de la fe en Cristo con su vivencia del evangelio, de modo que puedan "evangelizar" los ambientes en los que viven.  En esto se basa la metodología del Movimiento de Cursillos.

Todos los que estamos reunidos en esta importantísima plaza de la Cristiandad, procedentes de numerosos países, hemos sido llamados por Dios Nuestro Señor para ser miembros de este movimiento y ser instrumentos eficaces de cristianización y evangelización del mundo que nos rodea.  Nos ha llegado esta llamada para que podamos testimoniar con nuestra vida que el dinero, el poder o la gloria no son las metas más importantes de la vida.  Nuestra meta es que un día alcancemos el lugar que nuestro Padre nos ha reservado en el Cielo (Juan,14).

Muchos de los hombres con los que vivimos, trabajamos y con los que nos unen lazos estrechos, no consiguen reconocer esta meta sobrenatural. No conocen y no comprenden la fuerza y la salvación que deriva de una fe profunda en Dios y en vivir según el evangelio una vida que nos ha concedido Cristo.  Cuanto más llenos estemos de gozo y confianza por nuestra relación personal con Cristo, más grande será la posibilidad de que los que nos rodean nos pregunten el porque de nuestra esperanza (Pedro 3,15).

La creciente secularización que arrastra cada vez más naciones v pueblos supone un gran reto para nosotros Cursillistas. Sólo podremos luchar contra este reto eficientemente cuando estemos convencidos profundamente de nuestra fe en el Señor y en la vida eterna, cuando cada uno de nosotros tenga una relación vital y personal con el Señor. Una relación viva con Dios y una amistad profunda con Cristo son las prerrogativas necesarias para poder ayudar a los hombres a encontrar la vida que conduce al Señor. Uno mismo debe seguir este camino firmemente para poder servirle fielmente. Sólo cuando hayamos realizado nuestra propia experiencia personal, podremos ser verdaderos testigos para los demás y nuestros esfuerzos de apostolado podrán ser eficaces.

Pero afortunadamente no estamos solos en esta difícil misión. El Señor está con nosotros, nos da su Espíritu Santo que nos acompaña, nos da fuerzas y ánimos, como hizo con sus apóstoles y con los primeros cristianos. Nos hará ver continuamente nuevos caminos y pondrá a nuestra disposición medios que nos permitirán conducir a los hombres hacia la fe y el Evangelio.

El mismo Jesús vino a ayudar a los hombres.  No esperó a que ellos acudieran a Él.  Les buscó y predicó en los lugares donde vivían.  Del mismo modo, nosotros cursillistas vivimos y damos testimonio de la "buena noticia" de Nuestro Señor donde vivimos y trabajamos: en la familia, en el trabajo, con los amigos y conocidos, durante el tiempo libre y sobre todo públicamente.

Seremos verdaderos testigos dé Cristo sólo cuando hayamos instaurado una relación de fe con Cristo de "tú a tú", intensa y personal.  Debemos estar preparados a aceptar en nombre del Señor dificultades, negatividad y sacrificios.  Lo importante es que hablemos a menudo con Cristo y le dirijamos nuestras oraciones personales y aprovechemos todas las posibilidades que se nos presenten para recibirlo en los Sacramentos. Del mismo modo que nuestra relación con los hombres se establece mediante conversaciones y encuentros, así será nuestra relación personal de fe con Jesús.

Las personas que se quieren, piensan mucho la una en la otra durante todo el día.  Aprovechan todas las ocasiones para hablarse, personalmente o por teléfono. Se realizan sacrificios para estar con la persona amada. Muchos de nosotros podemos confirmarlo con nuestra experiencia personal.

A lo largo de 2000 años de historia de fe cristiana, ha habido personas que han tenido una relación de amor con el Señor.  Uno de los primeros fue el Apóstol San Pablo.  El Señor lo mandó a Damasco y le encargó llevar su Evangelio a los hombres. Y Pablo lo hizo, con decisión, constancia y con todas sus fuerzas.  Vivió una relación tan intensa con el Señor crucificado y resucitado que llegaba a decir a menudo: "Yo ya no vivo, es Cristo quien vive en mí", (Gal.2,20).  En sus viajes misioneros, esta comunión con Cristo le dio la fuerza para soportar increíbles fatigas y sufrimientos a los que se sometió por amor al Evangelio y por amor a los hombres.  Este es uno de los motivos por los que el Apóstol San Pablo ha sido elegido como patrón de nuestro Movimiento. El representa un gran ejemplo de amistad íntima con Cristo y de incansable operador apostólico.

También nosotros Cursillistas hemos recibido una llamada parecida del Señor, hace 5 o quizá 10 o 20 años o más. Es siempre el Señor quien nos llama para hacer llegar a los hombres su mensaje liberador v de felicidad, del amor del Padre hacia la Humanidad.

Habilitados con los Sacramentos del Bautismo v de la Confirmación, los cursillistas hemos sido encargados por el Señor y por la Iglesia de colaborar activamente en la gran misión de la Evangelización.  El Señor confía en nosotros y en todo el Movimiento de los Cursillos. Representa un gran reto para nosotros en este tercer milenio que acaba de empezar.

Cuanto más profunda sea nuestra relación personal de amistad con Cristo, mejor podremos evangelizar a los hombres en el mundo que les rodea. "Con Dios podremos encontrar a los hombres".

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

HOMILIA EUCARISTIA CENTRAL

S.E. Cardenal James Francis Stafford
Presidente Pontificio Consejo para los Laicos

Roma, 29 de julio de 2000

"Abres tu mano Señor, y sacias a cada viviente". Con estas palabras hemos invocado la ayuda del Señor en el Salmo Responsorial, haciéndonos eco de cuanto nos fue propuesto tanto en la primera lectura como en el evangelio. Estamos seguros que Dios provee el nutrimento a sus hijos y que su ayuda nunca se viene a menos en las confrontaciones con la humanidad. No obstante, la Palabra de Dios nos hace comprender que la Divina Providencia no excluye, al contrario, más bien promueve nuestra colaboración con el incesante auxilio de las Gracias del Señor. 

Sea el profeta Eliseo en el texto del Segundo Libro de los Reyes, que el Señor Jesús en el episodio de la multiplicación de los panes, piden los pocos panes que los hombres están en grado de poner a disposición, confiando el resto a la providencia de Dios. Seguramente es poco lo que podemos poner a disposición del Señor, pero este "poco" Él lo quiere porque desea nuestra participación en su obra de salvación. Por lo tanto sería equivocado invocar la providencia de Dios sin mover un dedo por parte nuestra para colaborar con El. En el momento en que decimos: "Abres una mano Señor, y sacias a cada viviente", debemos también verificar nuestra disponibilidad y abrir nuestras manos para regalar generosamente a nuestros hermanos aquello que esta al alcance de nuestras posibilidades. La Providencia de Dios se conjuga armoniosamente con la solidaridad de los hombres y con su caridad fraterna.

¿De qué cosa tienen necesidad los hombres de nuestro tiempo? ¿Cuál es el "pan" que ellos desean comer? Ciertamente aún hay mucha gente que tiene necesidad del pan material, porque siguen estando privados de los recursos primarios para llevar una vida digna. La desigual distribución de las riquezas de los hombres sobre la tierra nos interpela a todos a revisar nuestro tenor de vida, que tal vez no siempre está marcado por la austeridad y el compartir. Especialmente en este año jubilar estamos llamados a hacer una verificación rigurosa, que busque también descubrir las injusticias perpetradas en nuestra confrontación con los más pobres. 

Sin embargo, nuestro tiempo presenta otras formas de pobreza que no son superables con el pan material. Hago alusión a las pobrezas espirituales que golpean a tantos hombres de hoy, especialmente a los jóvenes y a las familias: pobreza de relaciones, de afecto, de amor; pobreza de sentido y de significado de la propia vida; pobrezas que tal vez desembocan en desviaciones, como las drogas, el alcohol, el hedonismo buscado en sus mas variadas formas. Estas nuevas formas de pobreza, que tienen que ver mas con el "ser" del hombre que con su "hacer", en el fondo pueden resumirse en una sola: el empobrecimiento de la humanidad que deriva de su alejamiento de Dios. En muchos estratos de la sociedad de la opulencia y del bienestar Dios es desconocido. En esta falta de Dios en la vida de tantos hombres esta a la base del malestar que golpea a tantos jóvenes y a numerosas familias de nuestro tiempo. 

El "pan" del que los hombres tienen necesidad es, en último análisis, Jesús, "pan vivo bajado del cielo" (Jn.6, 41) Sólo en El tiene palabras de vida eterna (Jn.6, 68), capaces de saciar el hambre de justicia, de paz y de amor, que agobian a la humanidad de hoy. A los hombres de nuestro tiempo, y por tanto, a aquellos del tercer milenio, Jesús les dice: "Yo soy el pan de vida, el que viene a mi no tendrá nunca hambre, y el que cree en mí nunca más tendrá sed" (Jn.6, 35). Todos somos llamados a colaborar con el Señor en la distribución de este "pan de vida eterna". El conocimiento de aquel que en última instancia es verdaderamente necesario para el espíritu humano, se comunica sólo en la llamada personal de la gracia divina, libremente donada. En otros términos, somos llamados a evangelizar para dar a conocer a todos los hombres el amor de Dios, que se ha manifestado en su Hijo Unigénito  Jesucristo, y que ha sido vertido en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo. Este es un llamado que numerosas veces nos ha hecho el Santo Padre Juan Pablo II, el cual reconoce a la "nueva evangelización" como la tarea más urgente de la Iglesia en el tiempo presente. 

Vuestro movimiento eclesial ha acogido con entusiasmo, tal llamada, prodigándose en cada parte del mundo a llevar a muchos hombres a Jesús, a través de la saludable experiencia del Cursillo de Cristiandad. En los tres días del Cursillo la persona es ayudada a conocer más de cerca a Cristo, y a encontrarlo especialmente en su Presencia Eucarística. Delante del tabernáculo muchos redescubren las raíces de su propio Bautismo y comienzan a vivir un mundo nuevo, poniéndose a disposición del Señor para1levar la verdad del Evangelio en los ambientes de vida de nuestro mundo. 

El Pontificio Consejo para los Laicos mira con vivo interés vuestra experiencia, que se une a la de tantas otras agregaciones laicales, florecidas sobretodo después del Concilio Vaticano II. Los Cursillos de Cristiandad fueron suscitados por el Espíritu Santo algunos años antes, tanto es así que hoy celebráis el 50° aniversario de vuestra experiencia en la Iglesia. En la España de los años 40 el Espíritu del Señor suscitó este don, que después se difundió rápidamente en todo el mundo, llevando por doquier numerosos beneficios espirituales. Este es uno de los numerosos signos de la Providencia de Dios. De veras su mano se ha abierto para dar generosamente a su Iglesia las cosas de las que tiene una gran necesidad. Vosotros, queridos miembros de los Cursillos de Cristiandad, sois una presencia providencial en la Iglesia que cuenta con vosotros, con vuestra generosa colaboración en su obra apostólica. 

Es muy apreciable el hecho de que vuestro Movimiento eclesial haya organizado una manifestación jubilar de carácter mundial aquí en Roma, donde esta la Sede Apostólica. Ello manifiesta vuestra comunión eclesial con el Sucesor de Pedro y con todas las organizaciones laicales, que han querido ofrecer su  contribución para la organización de las Jornadas oficiales del Gran Jubileo del 2000. Constato con gusto que las relaciones entre vuestros responsables internacionales y el Pontificio Consejo para los Laicos se han hecho más intensas, especialmente después del encuentro mundial de los Movimientos eclesiales, tenido en Pentecostés de 1998. Auspicio que tales relaciones se intensifiquen aun más, en vista sobretodo de una mayor fecundidad de vuestra acción apostólica que pasa necesariamente a través de una comunión mas fuerte con los Pastores de la Iglesia, responsables del discernimiento de cada carisma. 

Confío a vosotros a la Virgen Santísima, "Estrella de la Evangelización", que cada uno de vosotros con certeza intenta imitar en su adhesión a Cristo y en su dócil obediencia al proyecto de Dios. 

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

ENCUENTRO CON EL SANTO PADRE

Frances Ruppert
Presidente de la O.M.C.C.

Roma, 29 de julio de 2000

SANTIDAD, os presento con infinita alegría nuestro cordial saludo con ocasión de nuestra ULTREYA Mundial aquí, en la Plaza de San Pedro, en nombre de tantos Cursillistas que han venido de todo el mundo: de América Latina; de América del Norte; del territorio Asiático / Pacífico; y naturalmente de Europa para celebrar con Vuestra Santidad el Gran Jubileo. 

Ya el Papa Paulo VI había definido al Movimiento de Cursillos de Cristiandad como un “óptimo instrumento para la Nueva Evangelización” y también vuestra Santidad ha expresado su estima por el Cursillo en diversas ocasiones. Por ello,  estamos muy agradecidos.   

Santo Padre, durante el inolvidable encuentro de Pentecostés de 1998 en esta misma Plaza de San Pedro, Vuestra Santidad definía lo Movimientos Eclesiales como “los frutos más bellos del Concilio Vaticano II” y les invitó a colaborar en la Nueva Evangelización a LAS PUERTAS DEL tercer milenio.  Precisamente esta finalidad se le habían propuesto los fundadores del Cursillo hace ya mas de 50 años, y nosotros continuamos fieles a este carisma. 

 El Cursillo ha dado a la Iglesia muchas vocaciones al sacerdocio, al diaconado y a la vida religiosa. Muchas personalidades de hoy, diseminadas en varios continentes, que hoy cubren cargos públicos, han reconocido, gracias al Cursillo, su responsabilidad de colaborar con Su acción a hacer penetrar el Evangelio en los ambientes del mundo del trabajo y de la empresa, de la escuela y de la universidad, de los hospitales, de la política, de los medios de comunicación social y en todos los ambientes de la vida cotidiana.   

Podemos prometeros con alegría, Santidad, que también los Cursillistas en diversas partes de la tierra, colaborarán a éste su gran ideal, para apoyaros en la medida de sus fuerzas en vuestro objetivo de ganar para Cristo los distintos ambientes del mundo. 

Nuestras raíces se remontan a hace 50 años.  El primer Cursillo tuvo lugar en Palma de Mallorca, en el convento San Honorato, en enero de 1949 (tenemos la gran alegría de tener con nosotros a Eduardo Bonnin).   

Desde entonces, uno de los mensajes fundamentales que vienen del Cursillo es: “Nosotros somos Iglesia y tenemos, por tanto, una tarea misionera para el mundo”. 

Hemos querido intencionadamente celebrar nuestro Jubileo precisamente durante el Año santo 2000, en esta      Plaza, centro de la cristiandad, para demostrar nuestra voluntad de permanecer fieles a la Iglesia y a su Pastor Universal.                       

Santo Padre, nuestra peregrinación a Roma debe significar que nosotros, cursillistas, nos ponemos  humildemente a vuestro servicio. 

En nuestras Diócesis trabajamos, somentidos a vuestra Santidad y a nuestros Obispos, en las estructuras de iglesias locales, considerándonos como don para la obra misionera de la Iglesia Universal.   

En la Bula del Año Santo 2000 “Incarnationis Mysterium” Vuestra Santidad anima a los fieles a “renovar su empeño por un testimonio cristiano en el mundo”. El carisma del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, está en línea perfectamente con este proyecto de Nueva Evangelización. 

 

Con la fuerza del Espíritu Santo, por la intercesión de María, nuestra Madre, y con San Pablo apóstol nuestro patrón y con vuestra bendición, Santo Padre, queremos crecer, no tanto en número, cuanto en “santidad”, con una continua conversión, con una fe renovada y una caridad vivida realmente, para ser cada vez más, según la invitación del Evangelio, “fermento evangélico del mundo, como luz y sal de la tierra”.

 

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

TESTIMONIO

Melanie Eustis
Guam

Roma, 29 de julio de 2000

Me llamo Melannie EUSTIS. Hice mi primer Cursillo en mayo de 1997. Soy soltera y vivo en Guam. 

Estoy comprometida en mi parroquia en diversas obras de apostolado y ministerios, pero he constatado que el tener que hacer con los jóvenes se ha hecho muy importante para mí, especialmente el compartir con ellos aquello que yo, a su edad, habría querido saber, buscando hacerles entender el don precioso del amor de nuestro Padre Celestial, enseñándoles a buscarlo y a crear una íntima relación con Él. 

En la sociedad actual, Él es la única defensa que tenemos contra Satanás y su mundo. Los muchachos de hoy necesitan algo más que sermones: ellos deben tratar de entender la realidad de Dios en sus vidas; deben aprender a considerarlo como su mejor amigo, dándose cuenta que Él es real, vivo verdadero.

 Ellos deben descubrir su bautismo. Al identificar esta necesidad acepté dar catecismo a los jóvenes de mi parroquia. Ha sido para mí una actividad verdaderamente gratificante porque me ha permitido poner en práctica con los otros aquello que no había estado en grado de hacer conmigo misma a causa de mi ignorancia, y también porque ninguno me había enseñado algo diverso. La conciencia de mi ceguera, de mis errores, de mis fallos, me impulsó a tomar distancia de todo aquello y a explicar a estos jóvenes el don de nuestra fe en los sacramentos, en las Sagradas Escrituras, y en el simple hecho de ser hijos de Dios.

Esto podrá parecer no ser una gran y extraordinaria tarea, pero no estoy buscando grandezas; lo que busco es que un alma a la vez, día tras día, un paso tras el otro. No enseño como maestra, sino más bien busco ser como una hermana mayor, y he constatado que esta es la mejor vía para entrar en contacto con los muchachos. Comparto con ellos mis experiencias, dono a ellos mí corazón y les enseño sobre todo a amar a nuestro Padre Celestial. Veo que eso hace efecto en sus corazones. De esta manera nos identifican como "un cuerpo" con "muchas partes". Les he pedido que disciernan su parte, que busquen su vocación y la voluntad de Dios en sus vidas.

Mi fe y la manera en la que Dios ha intervenido en mi vida para hacerme descubrir mi ceguera, curándome con su luz, me sostienen en mi apostolado con los jóvenes que encuentro. Sabiendo que no podré nunca pagar a Dios la bondad y piedad que me ha demostrado, veo mi trabajo como un servicio, como un medio para glorificarlo y agradecerle por la vida que vivo en Él. Una vida que dedico a los niños y que conduzco en la obediencia a sus leyes, sabiendo de la Ramada a la santidad que ellos pueden recibir y como responder a esta llamada.

He aprendido a compartir con estudiantes que en su mayoría no tienen una relación con Dios más que la misa dominical, a la que muchos van porque "deben ir".

Esta no es una fe viva. Pero al mismo tiempo, sus testimonios y el compartir después de las lecciones, además de la asistencia a la catequesis, les hace redescubrir la alegría del aprendizaje y les hace comprender que tener a Dios en sus vidas les infunde el deseo de continuar creciendo para aprender siempre más a conocer aquel amor revelado en ellos.

Queridos hermanos y hermanas, estar aquí hablando a todos por cuenta Suya, es ya un privilegio en sí mismo. Le pido a Dios y a la Bendita Virgen María, su Madre, que yo continúe siendo usada como uno de sus instrumentos apostólicos.

"Oh mi Salvador, haz que pueda vivir con la gracia que Tú me has mostrado y que continúe siendo tu humilde sierva".

Ya para terminar, enumerar lo que he hecho u obtenido en Su nombre por los jóvenes es nada. La gloria sólo es de Dios por todo aquello que ha hecho en mí, con Su Gracia, haciéndome ser una cristiana. Solamente con mi conversión personal puedo esperar de convertir a los otros; solamente viviendo el Evangelio que proclamo, puedo esperar evangelizar, y solamente amando en la Dimensión de la Cruz, anulándome a mi misma para los otros, puedo esperar compartir el amor de Dios con los demás.

¡ DE COLORES !

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

TESTIMONIO

Kathryn Robbio
Estados Unidos de Norteamérica

Roma, 29 de julio de 2000

He hecho mi Cursillo hace 18 años en la Diócesis de Providence, Rhode Island, en Estados Unidos. Al terminar los tres días estaba llena del "fuego" del Espíritu Santo y preparada para cambiar yo sola el mundo entero. Había probado la sensación de ser llamada por mi nombre por Dios para evangelizar los ambientes que frecuento. Por lo que había oído en el Cursillo, esto no tenía que hacerlo yo sola, ya que tenía la ayuda del Espíritu Santo y de la Comunidad Cristiana.

He empezado rezando y pidiendo la ayuda de Dios. He ofrecido "intendencias" ("palancas") yendo a Misa todos los días antes de ir a la escuela, para que me ayudase a llevar a cabo mi misión. He hecho esta "intendencia" con fe todos los días.

El primer ambiente en el que debía evangelizar era la escuela. Enseño en una escuela pública muy difícil, en la que hay mucha pobreza y violencia. Un ambiente en el que Cristo no estaba presente. 

A pesar del hecho de que la escuela tenga un cuerpo de docentes muy preparado y motivado, esta está superpoblada y tiene que afrontar problemas de comportamientos ultrajantes de los alumnos y de dificultad de estudio. El cuerpo de docentes está sobrecargado de trabajo, estresado y desanimado por las dificultades en medio a las cuales debe trabajar. 

Este estado de cosas nos llevaba a vivir nuestro empeño en el trabajo tratando de hacer el mínimo indispensable. Nos ocupábamos de enseñar a los chicos lo que estaba previsto, sin interesarnos para nada de sus problemas más ocultos y verdaderos. No se instauraba ninguna relación social entre nosotros. Al final de cada jornada estábamos desechos y solo deseábamos volver a casa lo antes posible. Existía entre nosotros solamente una amistad superficial, mientras que en todos nuestros discursos nunca se hablaba de Cristo. En resumen, este ambiente escolar tenía que ser cristianizado. 

Empecé a pensar en un plan de evangelización, empezando a fijarme en quién de mis colegas era un verdadero líder, Pensé en Paola. Mi proyecto era que se convirtiese en amiga mía, para posteriormente presentarsela al Señor. Empecé a sentárme junto a ella durante las reuniones de profesores, a llamarla de vez en cuando a casa, a invitarla a cena. De esta forma, Paola y su marido se hicieron amigos de nuestra familia. Un año después, invité a Paola a participar en el Cursillo, cosa que hizo. 

Llegada a este punto, sabía que era mi responsabilidad introducir a Paola en un grupo. De esta forma, decidimos formar un grupo de ambiente precisamente en la escuela, para llevar la presencia de Cristo a la escuela. Nos reuníamos todos los lunes, después de las horas de clase y era siempre de una gran riqueza espiritual. De este modo, poco a poco, otros profesores se añadieron a nuestro grupo. Nos convertimos de este modo en una realidad visible dentro de nuestra escuela. 

Habíamos tratado de ofrecer nuestra disponibilidad a quien lo necesitase, rezando, regalando un libro o un casette que pudiese servir de ayuda o, simplemente, escuchando sus problemas. Lentamente, la vida de la escuela comenzó a cambiar en sentido cristiano. Muchos colegas comenzaron a pedirnos que rezásemos por ellos o por sus familiares. De vez en cuando nos hacían preguntas sobre la religión. ¡Uno de ellos volvió a confesarse y a hacer la comunión después de 15 años! 

Además de la reunión de grupo del lunes, empezamos a pensar enseguida en hacer una reunión abierta a toda la escuela, en la que se rezase por los profesores y los alumnos enfermos y se leyese un paso del evangelio. De esta forma, se creo un grupo de 15‑20 profesores que cada día se reunían en mi despecho durante diez minutos, antes del inicio de las lecciones. Se trata de un grupo formado por personas de diversas religiones: católicos, protestantes, judíos. Cada día invitamos a nuevas personas y, habiendo llegado a ser muy numerosos, algunos comentan: "¡Madre mía, hay más personas en tu despacho que en un aula!". 

Otra iniciativa para evangelizar la escuela ha sido la de hacer celebrar la Eucaristía por los profesores enfermos o que han fallecido. En estas ocasiones participan muchísimos colegas, íncluídos el Director y el Jefe de Estudios. Además, hemos puesto folios con lecturas católicas en los buzones postales de la escuela, especialmente en los períodos de Navidad y Pascua. 

Ahora nos hemos convertido en una comunidad escolar de personas que rezan, aman y comparten la propia vida con los demás. La atmósfera de nuestro ambiente de trabajo ha cambiado, porque todos nosotros percibimos la presencia de Cristo. Esta presencia de Cristo influye incluso en los estudiantes, que se sienten más tenidos en cuenta y ayudados. Les ayudamos rezando por ellos y proveyendo también a las necesidades materiales de los más pobres. 

El cambio producido en mi ambiente de trabajo es una prueba evidente de que el método del Cursillo es eficaz. Con Cristo de nuestra parte, no podemos fallar. ¡Cristo continúa a contar con nosotros! ¡De colores! 

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

TESTIMONIO

Rocío Ramirez Munera
Colombia

Roma, 29 de julio de 2000

 Buenas noches en nombre mío y en nombre de todos los cursillistas de América Latina y de los miembros de la 0. L.C.C., a quienes represento en este momento, ante ustedes, hermanos cursillistas de todo el mundo, reunidos hoy, por la gracia de Dios, en este maravilloso escenario, como es la Plaza de San Pedro, en El Vaticano. 

Quiero dar gracias a Dios por permitirme estar aquí, en este lugar privilegiado y en este momento tan especial, el del Gran Jubileo, contándoles a ustedes mi experiencia cristiana, contándoles cómo fue mi encuentro personal con Jesús, Salvador de todos los hombres, y como ha sido mi vida a partir de ese momento, en que le permití entrar a reinar en mi corazón y a ser el Señor de mi vida. 

Tal vez nos hemos preguntado muchas veces, ¿Quién es Jesús para mí? Y tal vez, hemos dado muchas respuestas. Hoy quiero invitarles, a que una vez más, nos hagamos esa sencilla y simple pregunta: ¿Quién es Jesús para mí? 

Gracias a Dios, nací, me eduqué y me formé en un hogar católico donde desde pequeña aprendí a amar a Dios, a querer a María, a respetar el Decálogo. Me enseñaron a vivir el amor que Jesús predicó. Vi como mis padres vivían la eucaristía, la oración, el rosario y las prácticas religiosas día a día, y como me transmitían esas costumbres. 

Soy abogada y el mundo personal y profesional que vivía, me absorbieron y me aleje de Dios. Empece a querer llenar el vacío que tiene el hombre de Dios, con cosas del mundo y especialmente, con conocimientos jurídicos. Hice cursos, seminarios, especializaciones. Aquí en Roma viví dos años, estudiando, pero lo más importante que era conocerle a Él, lo había olvidado. 

Pero... Dios no nos abandona nunca. Está siempre atento a cada uno, si queremos volver. a Él, como en la parábola del Padre Misericordioso, nos recibe con los brazos abiertos. 

Eso hice. Me levanté y volví a sus brazos. 

El Señor puso en mi camino a un cursillista que invitaba a unos amigos míos a vivir un Cursillo de Cristiandad, a mí no me invitó, los invitaba a ellos desde hacía mucho tiempo y nunca fueron, nunca le aceptaron la invitación, pero me comentaron y me interesó el nombre: un CURSILLO DE CRISTIANDAD. 

El que me invitaba era Cristo, el que me hizo interesar fue Cristo. 

El cursillo era 12 días después. Fui, sin preguntar ¿qué era o cómo era? 

Yo buscaba algo, no sabía que era, y en esa búsqueda el Cursillo me pareció una posible respuesta. 

Viví el cursillo número 17 en Pereira, Colombia, del 30 de marzo al 2 de abril de 1989, hace once años. Ha sido la experiencia más intensa y profunda de mi vida porque me la cambió totalmente. Como lo decía al comienzo, me encontré con Jesús, con el Salvador, me salvó y lo deje entrar en mi vida, en mi corazón y lo hice Señor de mi existencia. 

Empecé esa nueva vida y todo cambió. Mi Ideal se ajustó al Ideal de Dios, entonces mis metas también cambiaron y los caminos para llegar a ellas fueron otros. Al romper con un modo de vida, por la conversión, hay que dejar muchas cosas; amigos, costumbres, actitudes, modo de pensar y de hacer. Mi vida seguirá siendo esa lucha por ser mejor para poder llegar a la Patria Celestial con las manos llenas, antes las tenía vacías. 

Y gracias a Dios me comprometí con el M.C.C. desde ese 2 de abril, cuando le dije a Cristo: que contara conmigo. Me comprometí con el Señor a trabajar por su Reino y lo he hecho en el Movimiento. Once años en que he sido fiel, gracias a su ayuda. 

La perseverancia, la fidelidad, la constancia, el servicio y el compromiso han sido las características que me han acompañado durante este tiempo y que me permiten hoy estar aquí con ustedes hablando de mi experiencia cristiana, de mi vida al lado y de la mano del Señor. 

Esa vida de gracia que reinicie en ese momento, me ha permitido llevar el Evangelio a mi familia, a mis amigos y especialmente a mi trabajo. Como abogada trabajé en la administración de justicia durante más de 25 años, me jubilé hace tres, tiempo que ahora le dedico totalmente al M.C.C. y a la Evangelización. El ambiente judicial y el ambiente de los abogados es muy difícil, no obstante con mi testimonio de vida, durante esos años que con Jesús trabajé en ese medio, hice que muchos compañeros de trabajo vivieran el Cursillo de Cristiandad, hice que la justicia fuera cristiana, esa gracia que vivía me hizo ser una funcionaria cristiana que aplicaba la ley humana pero con el corazón de Cristo, hice que muchos se preguntaran por qué mi vida había cambiado totalmente para que ellos también cambiaran y muchos lo hicieron y muchos se convirtieron y también permitieron que Jesús entrara en sus vidas. 

Ahora si podemos responder la pregunta inicial. ¿Quién es Jesús para mí? 

Lo es todo. El centro de mi vida, la razón de ser. El Señor de mi existencia. El guía, el faro, la meta, el Ideal. 

Quiero invitarles, por último, a que no olvidemos y sigamos fieles al carisma que nos legaron los fundadores del M.C.C., de llevar el Evangelio a todos los ambientes, no solo con la Palabra sino con el TESTIMONIO DE VIDA, para que muchos tengan la vivencia del Cursillo de Cristiandad. Y de la mano de María, nuestra madre y modelo, y de Jesús, nuestro hermano Mayor lleguemos al Padre todo amor y misericordia.

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

TESTIMONIO

Cándido Rodriguez Romero
España

Roma, 29 de julio de 2000

 Me dirijo a Su Santidad como miembro del Grupo Europeo de Trabajo para expresarle el testimonio de profundo respeto y adhesión que le profesa el Movimiento de Cursillos de Cristiandad. 

El M.C.C. nace en España en 1949 y por la misericordia de Dios se expande rápidamente, primero hacia América y posteriormente a todos los continentes. 

Hoy estamos aquí para proclamar ante Su Santidad que nuestro carisma fundamental ‑ la evangelización ‑ sigue marcando la pauta de nuestra acción diaria. 

Viví mi primer cursillo en septiembre de 1964 y la experiencia de aquel encuentro con Cristo‑Jesús marcó mi vida de tal forma que desde entonces me sentí amorosamente llamado por el Señor. 

Descubrí, como tantos hombres y mujeres al pasar por el Cursillo, que mi vocación como laico tenía que desarrollarla en el seno de la Iglesia, de mi Iglesia doméstica, local, diocesana y universal. 

Comencé al poco tiempo con mi esposa una familia que ha crecido compartiendo y celebrando la misma fe, cada vez más comprometida en la formación y la acción. 

Nuestros hijos nos han acompañado en muchas tareas apostólicas hasta llegar a formar otras nuevas familias, todas ellas unidas en la comunidad de creyentes. 

Bendigo al Señor cada día por la esposa que me dio y los hijos que nos confió para que educáramos. Los hijos de nuestros hijos forman parte también de la comunidad cristiana por la fe de sus padres. 

Debo testimoniar que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad me hizo ver que Dios es amor, misericordia,  y que mis talentos y capacidades son para servir al prójimo. 

He descubierto también mi vocación misionera y en evangelizar me empeño. El que yo forme parte de mi Iglesia local no me impide trabajar como responsable en el M.C.C. y desde este Movimiento presentarle a muchos hombres y mujeres la oferta del Señor Jesús. 

Porque descubrí también el valor de la Eucaristía, como sacramento del amor, y reconocí a Jesús en el pobre me incorporé a CÁRITAS y acepté el compromiso de dirigir la Cáritas Diocesana, lo que no me impide seguir actuando en mi Iglesia local y en el M.C.C. a nivel nacional. 

Mi experiencia como persona es vivir la cercanía del Señor, ofrecerle a diario un proyecto de fe, esperanza y caridad, manifestar mi condición de pecador, que diariamente tiene que suplicar el perdón a mis hermanos y a mi Padre Dios, pero convencido de que Dios me comprende y me quiere como soy. 

Mi trabajo profesional se realiza en el ámbito de la educación, mi actividad apostólica va dirigida en los espacios antes señalados, sin que exista dificultad insalvable para compaginar una y otra actividad. 

Desde 1984 formo parte del Secretariado Nacional del M.C.C. de España y desde él hemos participado, junto a los restantes Secretariados europeos en la construcción del Grupo Europeo de Trabajo del M.C.C. 

Nos sumamos al Jubileo con el compromiso de presencia en todos los ambientes va que el M.C.C. por su singularidad está presente en todos los niveles y especialmente junto a los más necesitados. 

Nuestro compromiso de evangelización nos hace ver que Europa es un continente de misión que necesita urgentemente una nueva evangelización, y en ello estamos empeñados. 

El M.C.C. en los tres días que dura el cursillo, verdadero instrumento de renovación cristiana para unas personas y primer anuncio para otras, propicia con su particular método que el hombre y la mujer se sientan interpelados y descubran su verdadera dimensión de hijos de Dios, reconociendo a Dios en su dimensión trinitaria y a la Iglesia como madre maestra y comunidad de creyentes. La respuesta es siempre la fe, la adhesión al mensaje de Jesús. 

El M.C.C. invita a las personas que viven un cursillo y salen radiantes y felices por haber encontrado a Dios, a formar parte de El Grupo y la Ultreya como medio de formación y perseverancia, y a que se integren en una comunidad parroquial para servir dentro de la pluralidad de carismas en el lugar más adecuado y necesario en la Iglesia. 

Vengo compartiendo desde hace años con grupos de jóvenes su proceso de conversión renovada y puedo testimoniar que Cursillos, que nacieron para jóvenes, sigue siendo un instrumento válido y al servicio de la Iglesia también en este nivel como lo demuestra el hecho de que más del 50% de los asistentes a un Cursillo son jóvenes. 

Ponemos ante Su Santidad este Movimiento que extendido por Europa quiere hacerse hoy presente aquí aceptando el reto del presente siglo. 

Renuevo ante Su Santidad mi compromiso en el Señor Jesús, con el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, encomendándome a nuestra Madre María, Madre de la Iglesia y a nuestro Patrón San Pablo, en la confianza de que el misterio de la multiplicación de los panes y los peces se repita cada día cuando ponga mi disposición y voluntad al servicio del Señor. 

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

TESTIMONIO

Antonio Bandiera
Italia

Roma, 29 de julio de 2000

Día de exámenes, la comisión se instala (un miembro de la comisión nos ha contado más tarde lo que ha sucedido); distribuidas las hojas de las pruebas de italiano, dictados los tres temas, el presidente invita a los alumnos a hacer el examen en el tiempo previsto. Un alumno dice: 

"Perdone; nosotros estamos acostumbrados a rezar antes de comenzar a estudiar". 

Aquella frase probablemente ha turbado la comisión; el presidente da la autorización y los alumnos hacen la oración sin olvidarse de rezar por la comisión de los exámenes. 

Os dejo imaginar los comentarios de los componentes de la comisión a la vuelta de la sede de los exámenes, que era la cárcel Brucoli; se esperaban probablemente una clase turbulenta o, en el mejor de los casos, ausente o poco social; al contrario, ha vivido un momento seguramente muy hermoso. 

Este momento cercano a Cristo que os comparto ha sucedido en junio de hace algunos años, pero sus comienzos fueron mucho antes. 

Era responsable de un sector de la empresa donde trabajo actualmente y un día, por causas que ahora están de más, un colaborador mío tuvo la desgracia de ir a la cárcel. 

El grupo de evangelización que desde hacía años trabajaba en mi ambiente de trabajo, se preocupó enseguida para entender, para encontrar el modo de hacer menos pesada la cruz del hermano que había caído en el error, y ha soportado todo esto con la oración, para que el Señor lo iluminase y los sostuviera. 

Comprendí entonces que el Señor quería que yo me esforzara en llegar a ser un pincel en sus manos en un ambiente un poco extraño: La carcel. Por eso he terrninado por servir al Señor como Asistente Voluntario en las cárceles. 

Os confieso que durante los días anteriores a mi primera visita me encontraba confuso y en lucha entre diferentes sensaciones: deseo de ser útil, miedo de no estar a la altura, miedo al rechazo, dudas sobre cómo llevar a Cristo en ese ambiente aislado de la sociedad. 

Todo esto fue superado rápidamente no sólo por el apoyo de mí grupo de Ultreya que ha garantizado la oración, sino también porque enseguida me he convencido de que no debía llevar a Cristo, sino que Cristo estaba allí en el hermano que sufría, y que sólo tenía que agudizar la vista y abrir el corazón para darme cuenta de su presencia. 

Hace algunos años, algunos detenido manifestaron el deseo de volver a comenzar los estudios y yo le sugerí que lo más fácil era continuar los estudios como "privatistas" y hacer los exámenes como externos; y me empeñé en ver si esto era posible.

La intendencia de toda la Ultreya que ha acompañado esta actividad de evangelización, como siempre, han dado el fruto esperado y el Señor nos cubrió gratuitamente de dones. 

Las instituciones dieron su acuerdo, algunos profesores casi hacen una carrera de solidaridad para regalar a los detenidos algunos libros, y el resto lo hizo la Iglesia de Siracusa. 

Se necesitaban, en fin, "profesores voluntarios" para apoyar a estos alumnos que habían perdido el hábito del estudio, y debo confesar que esto ha sido facilísimo, pues el Cursillo de Cristiandad de mi diócesis ha hecho seguir a la Piedad el segundo y el tercer pié del trípode: de hecho, varios hermanos y hermanas de las Ultreyas han dado disponibilidad inmediata para como profesores voluntarios a los que se han unido también voluntarios de otros movimientos de la Iglesia. 

El día en que un profesor voluntario propuso con decisión comenzar y terminar la lección con una oración, todos acogieron la propuesta. 

En los encuentros posteriores, eran ellos los primeros a levantarse y, a turno, "guiar" aquél Padre Nuestro que  allí, tenía un significado profundo, era verdaderamente el Padre de todos nosotros, de quien sufría y de quien se esforzaba en aliviar. los sufrimientos como la Verónica en el Via Crucis. 

La Ultreya es seguramente el momento en que se crece; algunas veces hemos hablado de nuestro trípode de estos momentos cercanos a Cristo encarcelado: del estudio que hemos hecho junto con los detenidos en los encuentros de catequesis, de la oración que acompaña esta actividad de evangelización, oración de los hermanos de la Ultreya, pero también de nuestros hermanos detenidos a los que pedimos la ofrenda de sus sacrificios y de sus oraciones en los momentos importantes de la vida de nuestro movimiento; y de la acción desarrollada en el interior de las cárceles; nos confrontamos para mejorar también este pié, proponiendo la actividad con el objetivo de testimoniar que la sociedad no quiere abandonar el Cristo encarcelado y que Cristo ha resucitado para todos. 

Y el Señor nos ha dado la gracia de realizar algunos de nuestros sueños. 

Desde hace tiempo se celebran los momentos fuertes litúrgicos; desde hace dos años se celebra el Via Crucis; el de este año, al que han asistido muchos detenidos, agentes y voluntarios, ha sido particularmente vivido no sólo por las profundas meditaciones (preparadas por los detenidos) sino también porque ha sido animada por un grupo suyo de canto, acompañado por un hermano nuestro cursillista. Emocionante ha sido el Via Crucis celebrado por los detenidos que no podían participar al comunitario: del rumor confuso del início pos algo inesperado se ha pasado en las últimas estaciones al, silencio y a la petición de algunos de leer algún paso del Evangelio o una meditacion. 

Hemos tenido también la alegría de acompañar a un hombre de color a su bautismo, y el momento más fuerte ha sido cuando la comunidad cristiana lo ha acogido en su Iglesia. Ahora, desde su país de origen, escribe hablando de la bondad y de la misericordia de Dios, y confía nuestras familias a Cristo. 

Las actividades teatrales, con la dirección de un hermano nuestro de la Ultreya de Augusta llegan ahora a la novena edición y, cosa extraordinaria, una de las representaciones que se han ofrecido ha sido la del musical "Forza Venite Gente", que ha visto a los detenidos, junto con cursillistas y jóvenes católicos, recitar, cantar y bailar la vida de San Francisco de Asís. 

En las oraciones espontaneas antes y después de cada prueba, una muchacha ha dado gracias al Señor por haberle dado la fuerza de pasar el umbral de la cárcel, y de haberle concedido descubrir que el detenido es un ser igual a los otros; un detenido ha dado gracias al Señor por haberle dado la oportunidad de vivir esta experiencia con una parte de la sociedad que es capaz de amar. 

En la actualidad las relaciones con los huéspedes de las dos cárceles de Siracusa son las de quienes comparten las alegrías y los dolores; nos sentimos muy cercanos, sobre todo en nuestros momentos importantes de nuestra vida de cristianos. 

Quisiera leeros un pasaje de la intendencia que un detenido ha mandado a los hermanos del 28' Cursillo de nuestra Diócesis: 

"Puedo aseguraros de que si no se conoce a Dios se vive mal, no se aprecia la verdadera esencia de la vida. Se busca la satisfacción en las cosas vacías de la vida, mientras que las cosas más importantes son las cosas sencillas. El don más hermoso que Dios ha querido concederme ha sido el de aclarar la niebla interior que ofuscaba mi verdadero yo". 

Quisiera terminar diciendo que, de todos modos, está clara en nosotros la conciencia de ser siervos inútiles del Señor, de que hacemos muy poco, de que tenemos necesidad de "crecer", de que todo lo dicho no sirve de nada si no tenernos la conciencia de que nuestra tarea es la de sembrar sin tender recoger, y, sobre todo, la de confiar todo no a nuestras pobres fuerzas, sino a la voluntad del Señor. 

Confiamos en el apoyo que el Señor nos da, como pedimos en nuestra oración, y por eso os pido si es posible que en vuestros grupos dediquéis alguna oración también los aquellos presos que han tomado sobre sí la responsabilidad de transmitir a los otros la alegría de ser cristianos y la certeza de que Cristo, utilizando los pinceles que están fuera de la cárcel, no les ha abandonado. 

¡DE COLORES!  

 

IIIª ULTREYA MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

ROLLO MISTICO

P.Mario Cascone
Animador Espiritual G.E.T.

Roma, 29 de julio de 2000

1) El inicio del tercer milenio ve claramente a la comunidad cristiana en una posición de minoría. Otras tradiciones culturales y religiosas sobresalen hoy, especialmente las relacionadas con la exaltación del individuo y que tienden a negar la sustancial dimensión relacional de la persona. Es verdad que son muchos todavía los que piden el Bautismo y los otros sacramentos de la fe cristiana, pero también es verdad que muchos de ellos no observan ninguna práctica religiosa y, sobre todo, viven una ruptura dramática entre fe profesada y vida cotidiana. Se genera así una desunión entre fe y cultura que ya en 1975 Pablo VI había definido, en la Evangelii Nuntiandi, como el verdadero "drama" de nuestra época. 

La posición de minoría en que actúa la Iglesia de nuestro tiempo se pone de manifiesto también por el hecho de que la influencia pública de sus enseñanzas, sobre todo en el campo de la moral familiar y económica, es bastante débil. La atención a la Iglesia de parte de los medios de comunicación social se dirige más a los aspectos marginales que a los esenciales. La mayor parte de las veces, de hecho, los medios de comunicación social se fijan más, en la vida de la comunidad cristiana, en los aspectos folclóricos, y algunas veces "escandalosos", que en lo fundamental de su vida de fe, de esperanza y de caridad. Esto resulta más grave por el hecho de que muchos hombres de nuestro tiempo no parece que busquen ya en el cristianismo las respuestas a sus preguntas sobre el sentido, sino que se dirigen a otras partes. 

2) Ante esta situación puede propagarse entre nosotros un sentido de depresión y de desánimo, que se manifiesta a veces un lloriqueo de lamentaciones, o a veces en el cultivo de la nostalgia del pasado, cuando la presencia de los cristianos en la sociedad era más fuerte e incisivo. Creo que ambas actitudes son estériles y no en línea con el Evangelio. 

Confrontándonos con los enormes "desafíos" que el tercer milenio nos presenta a nosotros los cristianos, a veces sufrimos la tentación de renunciar a nuestra tarea de promoción del hombre, porque nos comparamos con algo que parece que es superior a nuestras fuerzas. Es lo que sucedió a los discípulos de Jesús, cuando el Maestro les puso ante la exigencia de dar de comer a la multitud que durante una entera jornada había escuchado la Palabra de la salvación y había experimentado la obra duración del Señor. Los discípulos pensaron que Jesús fuese un poco "loco" al pedirles que dieran de comer a cerca de cinco mil hombres, por lo que le dijeron: "El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida" (Mt.14,15). También hoy tenemos la tentación de renunciar a dar de comer a los hombres, hambrientos de verdad y de amor, pensando que no somos capaces, que no tenemos los medios suficientes para realizar esta tarea que el Señor nos confía. 

3) No podemos rechazar la invitación del Señor a "partir" al hombre hambriento de nuestro tiempo el "pan" de la verdad, el Evangelio, que es el único camino a través del cual los hombres pueden descubrir la grandeza de su dignidad. Sabemos que el encuentro vivo con Cristo, verdadero Dios y Hombre perfecto, "abre a cada ser humano la perspectiva de ser "divinizado" y, por tanto, de hacerse así más hombre" (Incarnationis Mysterium, N°2). Sabemos que "el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado" y que Cristo "manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación" (Gaudium et Spes, N°22). Esta conciencia empeña a la comunidad cristiana a vivir en el mundo como "fermento y alma de, la sociedad humana, que debe ser renovada en Cristo y transformada en familia de,Dios".(Gaudium et Spes, N°40).

Esta es, pues, la lógica a la que debemos referimos para responder hoy a la invitación que Cristo nos dirige: es la lógica evangélica de la "levadura" que se introduce dentro de la harina amasada y es capaz de hacerla fermentar toda (cfr. Lc.13,21); es la lógica del "grano de mostaza", que cuando se siembra es el mas pequeño de las semillas de la tierra, pero cuando crece, se convierte en un árbol grande (cfr. Mc.4,31; Lc.13,19). Vista en estos términos, nuestra situación de "minoría" resulta vencedora, porque pone en marcha en nosotros la conciencia de que, a pesar de todas las apariencias contrarias, ¡Dios está actuando en la historia!. La "pequeña semilla" se convierte en un gran árbol: "El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga" (Mc.4,26-28). 

4) Esta es la estrategia más eficaz para evangelizar los ambientes. Se trata de insertarse como cristianos en las estructuras de este mundo, actuando como la levadura en la masa. Nuestra presencia debe ser discreta, pero incisiva; silenciosa, pero eficaz; dulce, pero estimulante: ¡el Señor nos ha llamado a ser la "sal de la tierra", no el dulcificante! La nuestra debe ser una presencia inteligente, que sepa aprovechar todas las oportunidades de evangelización que existen en los ambientes en los que trabajamos. Una presencia sabia, que sepa llevar dentro de los ambientes el "gusto" de vivir en Dios, de Dios, con Dios y por Dios. Es con una presencia de este tipo que una escuela, donde no reina un clima educativo sano, puede transformarse en un lugar donde el mismo Cristo actúa como Maéstro y sabio educador. Es con una presencia de este tipo que incluso una cárcel puede transformarse en un lugar donde Cristo es amado y glorificado. Lo demuestran algunos de los testimonios que hemos oído en esta Ultreya mundial. Estos testimonios demuestran, pues, la eficacia apostólica de los Cursillo de Cristiandad y de la actualidad de su carisma. 

5) En la condición de minoría en la que nos encontramos al alba del tercer milenio, el Señor nos dice: "No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino" (Lc.12,32). Sí, hermanos y hermanas, el Reino de Dios viene, mejor dicho, está ya en medio de nosotros, precisamente por el hecho de que somos un "pequeño rebaño", una minoria profética que cree, lucha y espera, abandonándose únicamente en la fuerza de la gracia de Dios. De hecho: "Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es. Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios".(1 Cor.1,27‑29). Dios ofrece la fuerza de su gracia a la pequeñez y a la falta de adecuación de nuestros medios y de nuestras estructuras, para que aparezca más clara su gloria y ninguno de nosotros pueda enorgullecerse por los resultados alcanzados o desanimarse por los que aún no alcanzó. 

En este ambiente podemos cultivar las virtudes necesarias para evangelizar de modo eficaz: la humildad, la sencillez, la paciencia, la perseverancia, que son virtudes típicas de quien sabe esperar y ha aprendido a fiarse de Dios, antes y más aún que de sí mismo. Para el crecimiento del Reino de Dios, cultivamos también la capacidad de perdón y la fuerza de dialogar con todos, buscando lo que nos une antes de lo que nos divide. Estas son virtudes auténticamente "jubilares" que el Santo Padre el primero, nos ha enseñado a cultivar desde el momento en que, en este Año Santo, ha querido pedir perdón por todas las culpas cometidas por los cristianos en estos dos mil años. La Iglesia no tiene otra fuerza sino la del amor que sana y que reconcilia, un amor que le es comunicado por su Señor crucificado y resucitado, para que pueda resplandecer en el mundo como signo de  la gloria de Dios y sacramento universal de salvación. 

6) Huyamos, pues, de la tentación de querer ser necesaríamente una fuerza importante. Seremos el "pequeño rebaño" que el Señor ha elegido para enfrentarse a las multitudes grandes y poderosas de los que no piensan como nosotros y utilizan medios mucho más potentes que los nuestros. Seremos como el pequeño David, que se sirve sólo de un arma insignificante, como la honda, para luchar contra el gigante Goliat (cfr.1Sam.17,39‑51). Estamos seguros de que seremos los vencedores porque el Señor es nuestra fuerza. Él nos envía su Santo Espíritu que nos enseña a dialogar con todos y a valorar las diferencias como una riqueza, tal como sucedió en Pentecostés (cfr. Hch.2,1-11). Que el Espíritu de Dios nos ayude a actuar siempre en la unidad y en la fraternidad entre nosotros y con todos los hombres de buena voluntad, con la conciencia de que la comunión es la fuerza de la misión. Invoquémoslo por eso con las solemnes palabras del Veni Creator: "¡Ven, Espíritu Creador; visita nuestras mentes; llena de tu gracia los corazones que has creado. Dulce Consolador, dono del Padre altísimo, agua viva, fuego, amor... reparte tus siete dones, suscita en nosotros la palabra!"

Juan Pablo II se dirige a la 3ª Ultreya Mundial

Los cursillistas de todo el mundo

escuchan el mensaje del Papa