SEMBLANZAS

 

P.PELAYO DOMINGUEZ ss.cc.

Nuestro querido y recordado Padre Pelayo, primer Asesor Diocesano del Movimiento, Director Espiritual en innumerables cursillos, tanto en nuestra diócesis, como en aquellas que como Secretariado hemos apadrinado, "especialista" en Cursillos de mujeres, entre las que, a pesar de sus años, tenía un "sano y santo" atractivo y "grupos incondicionales de "fans", se ha ganado, con todo derecho su semblanza entre aquellos a los cuales nuestro Movimiento debe lo que es.

Nacido el 11 de octubre de 1916 en Santiago, decide, el 4 de mayo de 1934, antes de cumplir los 18 años, ingresar al noviciado de la Congregación de los Sagrados Corazones (Padres Franceses), en Los Perales, al interior de Quilpué, diócesis de Valparaíso, ordenándose sacerdote el 21 de septiembre de 1940.

Profesor en el Colegio de los SS.CC. de Concepción, ministro del Colegio SS.CC. de Valparaíso, profesor y ministro en el Colegio de los SS.CC. de Viña del Mar, su vocación de servicio hacen que su Congregación lo proponga para que sea nombrado como primer párroco de la Parroquia de Santa Inés en Viña del Mar, ubicada en un barrio popular de Viña del Mar. Su dinamismo, su dedicación y su celo pastoral, le permitirán no sólo ganarse el cariño de sus feligreses, sino, en muy poco tiempo, levantar un nuevo templo con mas esfuerzo que dinero, con mas entrega que recursos.

En 1966, y con motivo de un viaje ocasional que realiza a Venezuela, pagado por su familia y sus amigos, para visitar allí a su hermana carmelita de clausura, lo invitan a vivir "una experiencia" que por esos días prendía con gran fuerza en ese país. Se trataba de un Cursillo de Cristiandad, dirigido espiritualmente en esa oportunidad por otro de los "santos monstruos" que se han dado en este Movimiento, el Padre Cesáreo Gil. Vivirlo y sentirse identificado con su esencia, finalidad y mentalidad fueron inmediatamente una sola cosa, planteándose de inmediato el desafío de traer a Chile este "descubrimiento".

De vuelta a Chile, será sin lugar a dudas uno de los responsables, junto con su hermana de Congregación, Madre María Loreto Larraín ss.cc., de dar la partida a los Cursillos en la diócesis de Valparaíso.

Pero si bien se dedicó con cuerpo y alma a los Cursillos, durante mas de veinticinco años, no sólo se dedicó a ellos. En la búsqueda de opciones pastorales para los jóvenes, otro grupo de sus "desvelos", descubre en Argentina, a través de algunos cursillistas,  el Movimiento Peregrinos. Viaja entonces a ese país, toma contacto con quienes lo dirigen, participa en algunas jornadas con ellos, y decididamente se propone darles vida a ellos en Valparaíso, para lo cual busca a un grupo de líderes juveniles, los manda a Argentina a vivir la experiencia, y con ellos de vuelta y con la aprobación del Obispo, le da el vamos.

Conocedor profundo y directo de los problemas, miserias y dramas de la vida humana, con los cuales había tenido contacto durante su desempeño como Párroco en Santa Inés, y con una sensibilidad particular para encontrarse con los pobres y los sufrientes en una cercanía de hombre bueno, sin prejuicios ni mezquindades, es designado por Monseñor Emilio Tagle, entonces Obispo de Valparaíso, como Capellán del Centro de Orientación Femenina (Cárcel de Mujeres) de Valparaíso, tareas que atenderá en jornada completa hasta 1982.

Pero el verdadero "Vicente de Paul" que había en él, no estaba satisfecho aún con su entrega, le sobraba todavía fuerza y dedicación. Es así como en 1982 su Congregación le pide que asuma como Director de la obra "Patronato de los Sagrados Corazones", obra era de muy antigua data, fundada el siglo pasado, por el padre Mateo Crawley-Boevey, ss.cc. con personalidad jurídica desde 1906, y a la cual el Padre Pelayo le dedicaría todos sus desvelos. Sabía muy bien él de la miseria humana, la había podido palpar en toda su realidad, y sabía que en ella estaba el mas grave inconveniente para la formación, superación y futuro de niños y adolescentes, especialmente para los más pobres.

En ellos centró la obra. Crecieron y aumentaron los hogares para niños de situación familiar irregular y para las adolescentes que eran o iban a ser madres solteras y que dependían del Patronato. Ellos no solo fueron su creación, sino una actividad apostólica y pastoral que lo identificó absolutamente.

Hombre de una extraordinaria caridad cristiana, que siempre rehuyó los honores, las alabanzas y el boato, se identificó, hasta sus últimos días con el Patronato de los Sagrados Corazones, cuya reforma emprendió, para centrar su acción sobre los niños y jóvenes, cuyas necesidades conoció directamente en su labor apostólica.

A su avanzada edad, su salud, minada por la enfermedad, le impidió conocer que fue designado "Hijo Ilustre de Valparaíso" por el Municipio Local. Tal vez, desde su perspectiva, ello fue bueno. Pelayo era profundamente humilde, no buscaba, ni le interesaba el reconocimiento de los demás, sino simplemente dar a los demás, fiel con el principio evangélico de que "no sepa tu mano izquierda lo que haces con la derecha".

El periodista porteño Harold Mesías P., en un editorial publicado en el diario El Mercurio de Valparaíso con motivo de su deceso, hace una descripción que lo muestra de cuerpo entero:

"Cargado con una bolsa de compras, con paso cansino, una sonrisa a flor de labios, respondiendo los saludos de niños y adultos, la figura del Padre Pelayo fue - por muchos años - característica de los cerros más populares de Valparaíso. La bolsa, como la de cualquiera dueña de casa, contenía, precisamente, mercadería no perecible".

"El sacerdote no sólo la había comprado él mismo, o la había conseguido con apoderados de los Colegio de los Sagrados Corazones, con cursillistas, con peregrinos o con amigos, sino que la llevaba personalmente a los hogares más pobres que conocía por esos elevados y míseros sectores".  (Diario EL MERCURIO de Valparaíso, 19 de Mayo de 1999)

A los 83 años, y luego de una enfermedad que lo mantuvo postrado por mas de un año, falleció el 16 de Mayo de 1999, fiesta de la Ascención del Señor