SEMBLANZAS

 

ALIRO OLIVARES ORELLANA

Nacido en Coquimbo el 3 de octubre de 1927, siendo el quinto de seis hermanos, cuando tenía tres años, su madre, luego de enviudar, se trasladará con su familia a Valparaíso, ciudad que Aliro considerará siempre como su verdadera cuna.

Cursará sus estudios básicos en la Escuela Pública Nº5 del barrio Puerto y sus estudios secundarios en el Colegio Rubén Castro, los que no terminaría, ya que con 17 años ingresará a la Armada Nacional a realizar en forma anticipada su servicio militar por 2 años.

El 8 de octubre de 1946 contrae matrimonio con Javiera de la Barrera, secretaria entonces de una oficina de corretaje de propiedades, con la que darán origen a una prolífica familia de 14 hijos, al presente enriquecida por 36 nietos y 11 bisnietos.

A mediados de 1948, Aliro termina su servicio militar, habiéndose desempeñado el último tiempo en este como telegrafista. El joven matrimonio, ya con una hija, empezará a vivir un tiempo de mucha incertidumbre y dolor, ya que Javiera había quedado sin trabajo y Aliro no lograba ubicarse en algún cargo que les permitiera subsistir, añorando volver a la Armada,

A principios de 1949, participa en un concurso llamado por a Armada para proveer un cargo de radiotelegrafista, y no obstante haber aprobado los exámenes, no es contratado al detectársele un problema cardíaco en el examen médico. A pesar de su crítica situación económica, reciben con mucha alegría y esperanza un segundo hijo. Informado de que la Armada llamará a un concurso para proveer la plaza de zapatero, Aliro recoge el reto y se prepara durante meses en una profesión hasta ahora totalmente desconocida para él, consultando todo lo concerniente al ramo, desde la fabricación de calzado, hasta sus reparaciones. Rinde los exámenes, y esta vez, con fecha 1º de Octubre de 1949 si es contratado, siendo destinado a la flota en el barco "Chacabuco", donde inicia su anhelada trayectoria de marino que duraría 36 años, y a lo largo de la cual tendría varios transbordos, teniendo incluso la oportunidad de viajar en dos oportunidades a los Estados Unidos.

Su gran empeño laboral y su alegría le permitieron ganar prestigio y reconocimiento entre sus compañeros, y al mismo tiempo, muchos amigos tanto en su trabajo como en su barrio, amigos algunos que lo alejarían mucho de su hogar y, por los cuales postergaría muchas veces a. la familia, llegando en un tiempo en el que en muchas ocasiones transformó las noches en días y los días en noches...

Una religiosa, asesora de la JEC, en la que participaban dos de sus hijos, conociendo la crítica situación en que vivía esta familia, debido al comportamiento del padre, en conocimiento de que en Valparaíso se preparaba la realización del Primer Cursillo de Cristiandad, para septiembre de 1968, experiencia que ella había tenido la oportunidad de vivir, consideró oportuno invitar a Javiera y a Aliro para que participaran en él. Fueron necesarias muchas oraciones y sacrificios de Javiera y de la religiosa para que Aliro aceptara asistir... e incluso, el día de la partida, antes de iniciarse el Cursillo, Aliro fue sorprendido cuando trataba de arrancarse...

Más tarde, reconocería con alegría, que el Señor tiene sus caminos…En muchas ocasiones le oiríamos decir:

",Soy Aliro Olivares Orellana, natural de Coquimbo y orgulloso de ser chileno y "wanderino"...Viví muchos años de oscuridad…hasta que conocí la luz…Soy del Primer Cursillo de la Diócesis de Valparaíso... "

Al igual que Pablo en el camino de Damasco, Aliro tuvo un encuentro vital con Cristo en su Cursillo, encuentro que se tradujo en un cambio radical en su forma de pensar de actuar y de vivir. Cristo a partir de entonces pasó a ser el centro y motivo de su existencia. Entendió que su misión estaba en el anuncio vivencial, comprometido y profético de que Cristo es la respuesta del Padre a la condición humana.

Aliro hipotecaría todos sus carismas al servicio de la Iglesia en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, participando decididamente en todas sus actividades. Durante casi 25 años se dedicaría a llevar la palabra y la presencia del Señor a todos los ambientes en que se desarrolló su existencia, partiendo de su propio hogar. De esta, su entrega entusiasta, estimulante y generosa, serán testigos las Diócesis de Valparaíso, Illapel, La Serena y Copiapó.

Su claridad de visión en los enfoques, su capacidad de discernimiento en las alternativas, la profundidad de su encarnación ante las realidades mundanas, su tenacidad tercamente renovadora, sus arrojos de avance para evitar toda instalación, su perspectiva de futuro…llevarían a Monseñor Emilio Tagle, Obispo de Valparaíso, a pensar que nuestro Movimiento estaría en manos firmes al designarlo como Presidente del Secretariado Diocesano durante el período 1976-1978, En el desempeño de este cargo, Aliro experimentaría en carne propia que Dios no anula las limitaciones humanas, cuando elige a alguien para una carga nueva y que siempre acude a inyectar fuerzas, luces y estímulos transcendentes cuando los hombros del elegido parecen crujir. Aliro comprendió que, en estas circunstancias, todo es cuestión de ampliar el corazón, fortalecer los brazos y retrasar las manillas del reloj... y confiar en la fuerza del Espíritu…que Dios no deja nunca a nadie en la estacada.

Sorpresivamente fue cayendo enfermo, y no sólo aceptó la cruz sino que la supo interpretar sin demora; asumió la cruz "espiritual" más pesada, que conlleva la conciencia o tentación de la inutilidad. No engañándose con el futuro de la enfermedad que en él se iniciaba, se fue en silencio a su retiro de dolor progresivo y continuo sirviendo a la Iglesia, regando con oraciones y dolor la siembra que el Movimiento realizaba.

¡¡Cuánto sufrió, pero cómo sufrió!!, sin quejarse nunca, siempre dando gracias. Se fue apagando lentamente como una vela que se consume, entregándonos su luz.

Hoy Aliro descansa en la paz del Señor, y está presente entre nosotros con el mensaje completo de su gran testimonio cristiano laical y con su lección de entrega al Señor, sin reservas ni condicionamiento alguno.