SEMBLANZAS

 

P.MÁXIMO PUERTAS ANDRÉS
osd.

 

Otro de los pioneros en la diócesis de Valparaíso es sin lugar a dudas el Padre Máximo Puertas Andrés. Con Máximo nos sucede un poco lo que acontece con la gente muy brillante y con la gente muy humilde, que se destaca por lo que es y por su testimonio, mas que por un curriculum que registra información y datos.

Religioso dominico luego de vivir su Cursillo en España su orden lo enviaría a América, primero Venezuela, donde tendría una activa participación en Cursillos con el Padre Cesareo Gil y luego Chile. Recién llegado es destinado a la ciudad de Concepción, desde donde más tarde se le trasladará a nuestra diócesis, al Santuario de la Virgen de Pompeya.

A mediados de 1968, informado de que se estaba preparando un primer Cursillo para la diócesis, se presentará de improviso en una de las reuniones preparatorias, en que se encontraban, entre otros, el Padre Pelayo Domínguez, Madre Loreto Larraín, Carlos Escudero y otros de la primera hora, presentándose humildemente como un sacerdote que tenía "alguna" experiencia cursillista (de hecho en Venezuela había participado en alrededor de treinta cursillos). En el curso de la reunión y con su claro conocimiento de la esencia, la metodología, la mentalidad y la finalidad del M.C.C el que en ese momento sus copartícipes desconocían y el mismo se lo calló, fue dando una serie de opiniones acerca de los rollos, sus contenidos y su forma de preparación, como asimismo acerca del desarrollo del proceso mismo de preparación. Y tan adelantadas o audaces les parecieron algunas de sus propuestas a los "novatos" del Movimiento que no sólo no le fueron aceptadas muchas de ellas o alguna de sus correcciones, sino que incluso acordaron pedirle que se retirara y no volviera (sic).

Lógicamente como lo reconocen aún hoy quienes "se dieron el lujo de echarlo", se actuaba en ese momento con una profunda ignorancia, lo que quedaría mas temprano que tarde en evidencia, ya que luego de las disculpas del caso, no solo se le reconocería sus opiniones y aportes, sino que se le incorporaría plenamente al Movimiento, designándolo como Director Espiritual del 2º Cursillo de Hombres a realizarse un par de meses después, del 1º, entre días 31 de Octubre y 3 de Noviembre de 1968, en el cual puso de manifiesto y demostró vivencialmente todo su talento, su capacidad y su brillante estilo de exposición de los rollos, llenos de vida y, como buen religioso dominico, de un profundo contenido doctrinal.

Y de aquí en adelante sería "infaltable" en su acompañamiento en los comienzos del Movimiento en nuestra diócesis, participando como Director Espiritual en prácticamente todos los Cursillos que se dieron durante los primeros años.Famosa llegó también a ser la anécdota del entonces Obispo diocesano Mons. Emilio Tagle Covarrubias, gran impulsor de los Cursillos, pues había tenido la oportunidad de conocerlos a través de su contacto directo con Mons. Juan Hervás durante las sesiones del Concilio en el Vaticano II, a cuyos oídos habían llegado noticias de este dominico español, el cual daba un Rollo Sacramentos de 5 horas 10 minutos. Fue así como que cuando don Emilio decidió participar en el 5º Cursillo de Valparaíso y supo que el Director Espiritual sería Máximo, manifestó a alguno de sus cercanos sus prevenciones y sus dudas acerca de la efectividad de intervenciones tan prolongadas. Pero, profundamente respetuoso como lo era, nada le dijo o advirtió previamente al padre Puertas y decidió comprobar "en terreno" sus informes.

Y esta vez Máximo no se demoró 5 horas 10 minutos…se demoró 5 horas y media…al término de las cuales, don Emilio entusiasmadísimo se paró en la sala de Rollos, se adelantó a abrazarlo y le dijo: siga…siga adelante Padre. Con el tiempo entre ambos se crearía una profunda amistad y una enorme estima de parte del Obispo.

A mediados de la década del setenta, su orden traslada a Santiago al padre Máximo, ciudad en la que no sólo se incorporará al trabajo de los Cursillos en la diócesis, sino desde la cual seguirá dirigiendo espiritualmente a algunos dirigentes de Valparaíso, que viajarán especialmente para someterse a su acertada conducción y desde la cual viajará en algunas oportunidades para participar con nosotros en nuestros Cursillos.

Hombre de una formación teológica profunda, excelente, por no decir brillante y cautivante predicador, asceta en su forma de vivir y consecuente hasta el final con lo que predicaba, Máximo dejaría una huella imborrable en el ambiente de los Cursillos de Valparaíso, por su palabra de fuego, su talento. su capacidad y su profundidad en el desarrollo de los temas y en las Escuelas.

De regreso a su patria, seguimos durante un tiempo comunicándonos con él epistolarmente, siempre consultándole, pues evidentemente tenia el don de consejo.

Mas tarde su orden lo destinaría a Roma, donde lamentablemente le perdimos un poco la pista, por lo que nos parece que esta semblanza nos queda un poco incompleta.

A fines de 1998 nos llegó desde Roma la noticia de que el Señor lo había llamado a descansar en sus brazos. Los que lo conocimos estamos seguros que desde su "quinto día" sigue preocupado por nosotros.