SEMBLANZAS

 

P. MIGUEL SAEZ ARTÉS

 

No podía quedar fuera de nuestras Semblanzas, nuestro querido Padre MIGUEL SAEZ ARTEZ, quién fuera Asesor Diocesano del Movimiento en Valencia, España, y Director Espiritual de muchos Cursillos en Chile, tanto en nuestra Diócesis como en aquellas que como Secretariado el Señor nos ha confiado apadrinar: Copiapó, La Serena, Illapel y San Felipe.

El Padre Miguel había nacido en Paterna, población limítrofe a Benimamet, España, el 14 de Mayo de 1920, habiendo heredado de sus padres un cristianismo recio, capaz de todas las fidelidades y de todas las aperturas, el que lo llevó a pensar y actuar siempre como hombre decidido, a pesar de su natural timidez.

Como escribieran Antonieta y Nelson Leiva en FERMENTO con motivo de su fallecimiento, el 8 de Julio de 1987: "Dios pasó a su lado no en vano, y como la presencia de alguien en nuestra geografía humana Implica una elección, se generó en el Padre Miguel un compromiso con CRISTO, un compromiso que comportaba una FE y una DONACION, una FE perpetua y vigilante, y una DONACION constante y revisada".

Este compromiso con Cristo, que en el Padre Miguel fue un acto viril y no un arrebato infantil, que fue fruto de un corazón apasionado y de una cabeza fría, lo llevó a ingresar al Seminario y a ordenarse de sacerdote en 1946, y posteriormente, en 1969, a ofrecerse para venir a nuestro país a continuar su labor sacerdotal.

Llegó a Chile lleno "del vigor y energía de sentirse Iglesia, esa gracia que hay que pedir y estar pronto a recibirla con una gran pobreza interior, y que hay que comenzar a vivirla cada mañana. Y cada día con mayor fervor e intensidad". (Juan Pablo IIº.- 26.01.82).

La Parroquia de San Martín de Tours, en la localidad de Quillota, fué su primer destino, colaborando al mismo tiempo con labores en el Seminario Mayor San Rafael . En 1973 se le encomienda la Parroquia del Santo Nombre de Jesús, en la ciudad de la Calera, instancias todas que fueron conociendo su entrega sin límites a Dios en los hombres. Su servicio de mas de 14 años en La Calera, conoció de su dinamismo y creatividad, el cual se conserva reflejado en tantas obras concretas que nacieron de su iniciativa: las Capillas de "Las Cabritas", de "Artificio" y  de "María Inmaculada"; el Hogar de Ancianos de La Calera; el Colegio de las Religiosas Avemarianas, orden que se preocupó de "importar" desde España a nuestro país; la importación también de instancias apostólicas y pastorales tales como los "Encuentros Parroquiales", iniciativa nacida al amparo de los Cursillos de Cristiandad en Brasil y que él adaptó a la diócesis de Valparaíso o las "Semanas Impacto" que trajo desde su natal Valencia, son algunos ejemplos de su fructífera labor.

Con un compromiso tremendo fue buscando encarnarse en esta, su nueva Patria consiguiéndolo plenamente. No obstante su marcado acento español, podemos asegurar que sentía y vibraba como chileno, que eran suyas las alegrías y sufrimientos de nuestro pueblo, y que oraba y esperaba la solución de sus problemas humanos y religiosos.

Pero para nuestro Movimiento de Cursillos de Cristiandad, al cual se incorporó a  muy poco tiempo de llegar a Chile, el Padre Miguel no puede reducirse sólo a unos datos escuetos relativos a su nacimiento, educación, ordenación sacerdotal, destinaciones, obras y su muerte. Aunque así es como solemos encuadrar la vida de los mortales en el momento en que pretendemos hacer memoria de sus vidas, en el caso del Padre Miguel las cifras nos dicen muy poco y tenemos que saber leer entre líneas para descubrir realmente aquello que fue este Sacerdote de Cristo, para quién el Mensaje de Salvación quemaba en sus entrañas y haciendo de él su razón existencial.

El Mensaje Evangélico, siempre antiguo y siempre nuevo, precisa de una adecuada ubicación en el aquí y el ahora histórico por el que discurre cada generación y cada vida. Y el Padre Miguel, hombre actualizado e inquieto, trató en todo momento de ser testigo audaz y prudente de esa verdad, y logró serlo, particularmente en tiempos en que a la Iglesia en Chile le correspondió ser "voz de los que no tienen voz", testimonio vivo de la luz, lo que implicaba, como en el cirio, el proceso martirial de saberse consumir para llegar a consumarse.

El Padre Miguel, fue un peregrino, ya que sabiendo su origen, percibiendo su circunstancia e insertado en su ambiente, conociendo su pobreza personal, gozosa e incansablemente buscó y trató de realizar siempre la voluntad de Cristo, siempre adelante, sin detenerse nunca. Era un hombre profundo, sereno, transparente y humilde, que sabía detenerse para orar y reflexionar, y que no tenía miedo al silencio.

Sabemos que cuanto más profundo es el río menos ruido hace; que su cauce se torna muchísimo más maternal; que en él el agua discurre queda y no tiene prisa; que su misterio se hace abismal; que no quiere saber del grito chicharriante y ensordecedor, ni llamar la atención; que su paso es recogimiento de peregrinación hasta llegar al mar donde, el fondo sin fondo del mismo, lo hará crecer, lo sabrá agrandar. En torno a este misterio del vivir, donde la profundidad se necesita para poderse acrecentar, el Padre Miguel a través de su testimonio nos estaba permanentemente invitando a ese viaje, el Interior, el más largo, para sentir la exigencia de lo real. Porque el recogimiento es una forma sublime de atender, de la misma manera que el sobrecogimiento Implica una maestría en el contestar.

La pobreza no molestaba el Padre Miguel, al contrario la amaba. Estaba siempre abierto a los horizontes riesgosos del esperar contra toda esperanza o antes de cualquier esperanza, como lo hiciera un día también el Patriarca Abraham, consciente de que para desarrollarse mejor hay que poner la vista lejos, ya que "gaviota que va lejos vuela alto". De la misma manera que "para vivir alto hay que pensar profundo", y siguiendo las palabras de Monseñor Helder Cámara, el Padre Miguel sabía descubrir, alentar y vigorizar las "minorías abrahámicas" que Dios suscita en todos los países. "Dios ama tanto a los hombres, que se encarga de sembrar algunas 'hijos de Abraham" en los ambientes más difíciles y en las circunstancias más complejas, para que esperen contra toda esperanza y sean cual reducidas ventanas que den paso a una bocanada de aire fresco y a un rayo de luz". ( Mons. Helder Cámara).

El Padre Miguel era sencillo y de entrega espontánea, sabía ocultar su sufrimiento y desvivirse por los demás. Sabía escuchar y crear ambientes de confianza que hacían fácil establecer con él un diálogo exigencial, amoroso y renovador, en el cual se hacía realidad la magistral definición de diálogo que nos dejara Paulo VIº: "un impulso del amor que tiende a hacerse don". Todos los que compartimos con él, en una u otra forma, nos sentimos sus amigos y a cada uno nos manifestó en una forma especial su afecto y siempre nos estimuló.

Al recordar sus tipicas palabras: "¡anlmo, valor y miedo!", que tantas veces le escucháramos al participar con él en preparaciones de Cursillos, y al percibir el hueco de su ya prolongada ausencia nos llegan nostálgicas y memorables las palabras de Fray Luis de León:

"¡Y dejas, Pastor Santo,

tu grey en este valle hondo, oscuro,

con soledad y llanto,

y Tu, rompiendo el puro aire, te vas al Inmortal seguro!".